Publicado por William R. Juárez en Células, Reflexiones, Slider | 0 comentarios
La Oración
Francois Fénelon, un católico romano francés del siglo XVII dijo esto acerca de la oración:

Dile a Dios todo lo que hay en tu corazón, tal y como uno descarga con un amigo querido el corazón, sus placeres y dolores. Dile tus problemas, para que Él te consuele; dile tus alegrías, para que Él las modere; dile tus anhelos, para que Él los purifique; dile lo que no te gusta, para que Él pueda ayudarte a conquistarlo; háblale de tus tentaciones, para que Él pueda escudarte de ellas; muéstrale las heridas de tu corazón, para que Él pueda sanarlas; descubre tu indiferencia a lo bueno, tus depravados deseos por el mal, tu inestabilidad. Dile cómo el amor egoísta te hace ser injusto con otros, cómo la vanidad te tienta a ser insincero, cómo tras el orgullo te disfrazas de ti mismo y de otros.

Si de esa forma derramas todas tus debilidades, tus necesidades, tus problemas, nunca te faltarán palabras. Nunca agotarás el tema. Continuamente se renueva. Los que no tienen secretos entre sí, nunca les falta tema de conversación. No pesan sus palabras, porque no hay nada que ocultar; ni tampoco andan buscando algo para decir. Hablan de la abundancia de su corazón, sin consideraciones dicen exactamente lo que piensan. Benditos los que disponen de un diálogo con Dios así de familiar y sin reservas.
(Charles R. Swindoll, Come before Winter)

